Rehigienería Familiar ante la fractura familiar

“Perder a la familia como célula de la sociedad, sería perder la construcción de la humanidad.”  Beatriz J. Cedeño

Hoy vivimos en un mundo donde es frecuente encontrarnos con sociedades que esta sumergidas en estado de descomposición social, marcadas por drogas, violencia, hambre, delincuencia, corrupción, fraude, mentira, en fin, en una cantidad de aspectos que nos alejan del bienestar que como seres humanos tenemos derecho, es decir, bienestar integral. Pero nada ocurre al azar todo tiene una raíz. La familia es la célula madre de toda sociedad, si tenemos descomposición social debemos revisar para generar cambios que apunten a su sanidad.

Desde unas cuantas décadas la familia comenzó a sufrir fractura en su estructura permitiendo que la misma se desmembrara, algunas perdieron al padre y otras incluso en la actualidad han perdido la figura de la madre. Perdimos a quienes debían enseñar el carácter pero también a quienes debían enseñar el amor. Así se comenzó a quebrantar, se comenzó a fracturar la familia.

En muchas familias donde la mujer tuvo que asumir la crianza y la manutención de los hijos, no le ha quedado tiempo para dar y enseñar amor, mas allá de la atención, e incluso muchas se olvidaron de vivir y sentirse mujer, en esta fractura familiar a los hijos mayores se le adosaron responsabilidades que no le correspondían, como criar a sus hermanos, no siempre fue ayudar a sus progenitores, algunos pasaron a ser los padres y madres de sus propios hermanos y a llevar la rienda del hogar a muy corta edad, convirtiéndose en la pareja emocional de su madre o padre dependiendo del caso, por supuesto con mucha dificultad en el tiempo para formar su propia familia, pero de esto hablaremos en otra oportunidad.

En esta ruptura familiar ante la ausencia del padre muchos hijos han crecido con una deficiente o sin referencia de lo que significa ser padre, y repite este patrón generación tras generación abandonando a sus hijos.

Entonces empezamos a entender por qué la célula madre de toda sociedad esta fracturada, esta lesionada, porque las raíces se han debilitado, porque su estructura se ha desdibujado. ´porque en ella se ha sembrado la desigualdad.

La familia se ha debilitado porque por el afán de salir adelante se nos fue olvidando hablar de Dios y sembrar en el corazón, en la piel y en los huesos de nuestros pequeños, valores y principios para la vida, para ser personas honesta, responsables, amorosas, respetosas, que entendieran lo que el maestro Jesús nos dejo en sus palabras ¡ama al prójimo como a ti mismo! quería que nos amaramos tanto que ese amor fuera proyectado también para el otro. Porque cuando el amor se convierte en virtud no quieres dañar nada, ni a nadie.

La familia esta fracturada porque “queriendo” dar una mejor vida a nuestros hijos nos hemos convertido en trabajadores compulsivos, para tener una casa, un carro, bienes, estudios, juguetes, lujos, alimento, vestido, sacrificando el tiempo para compartir en familia y educar a nuestros pequeños, hemos alimentado su carne, hemos satisfechos sus necesidades materiales, pero no su corazón.

La familia esta fracturada porque criamos hijos soberbio y orgulloso poniéndole todo en bandeja de plata, quitándole la oportunidad de hacer esfuerzo para alcanzar sus propias metas y sueños, con la excusa de hacerle la vida más fácil. Queremos que nuestros hijos sean perfectos, que no se equivoque, que trabajen, que estudien, que vivan la vida mejor que la que vivimos nosotros, robándole la oportunidad de cometer sus propias equivocaciones y aprender de ellas, aceptar la frustraciones y sobrellevar la dificultad de la cotidianeidad, de poderlos corregir en sus errores, y enseñarlos a levantarse para comenzar de nuevo. Asegurarles que allí estará su familia para levantarlo si se cae y ayudarlo a continuar.

La familia esta fracturada porque muchos padres han dejado de lado su función socializadora dejando la crianza de sus hijos en manos de otras personas, la tecnología y la sociedad. Porque algunos padres queremos ser los “mejores amigos de nuestros hijos” olvidando que no siempre tenemos que caerle bien a ellos cuando tenemos que corregir y educar.

La familia esta fracturada porque nos volvemos como fieras irracionales cuando alguien le llama la atención o nos comenta algo de nuestros hijos, y en muchos casos les damos la razón a ellos aunque no la tenga, porque no conocemos hasta donde son capaces de actuar a nuestra espalda. No preguntamos, no verificamos.

La familia esta fracturada porque vivimos en casas, pero no en el calor de un hogar, queremos ser ayudados y servidos, pero no enseñamos a ayudar y a servir. Los hijos ya no respetan a los padres, pero los padres tampoco respetan a los hijos. Los padres queremos educar con la palabra, pero no con el ejemplo.

La familia esta lesionada porque se nos olvido la norma del buen hablante y del buen oyente para comunicarnos, sin gritos y sin maltratos, queremos ser disculpados, pero nos cuesta ofrecer disculpa cuando nos equivocamos, y disculpar a quienes nos hieren porque también tienen derecho a equivocarse.

La familia esta fracturada porque nos volvimos infieles y se nos ha olvidado lo que significa vivir en pareja, y el encuentro sagrado de hacer el amor. Porque no hay tiempo para orar juntos, porque aceptamos el maltrato verbal y físico, porque irrespetamos y humillamos a nuestras pareja delante de otros o permitimos que nos humillen, porque discutimos en vez de hablar delante de nuestros hijos.

Es tiempo de generar los cambios que permita el total restablecimiento y fortalecimiento de esa célula madre de la sociedad, es tiempo de reconocer nuestras luces y nuestra sombras, es tiempo de volver la mirada del hombre y la mujer para reencontrarse en el amor y entender que ambos son necesarios en la constitución de la familia. Es tiempo que como padres nos encarguemos de criar a nuestros hijos y sembrar en ellos el amor, el respeto por ellos mismos y por la humanidad.

Dra. Beatriz Cedeño - Rehigieniería Familiar

Es tiempo de aplicar Rehigienería Familiar, de reeducar a la familia para propiciar que cada miembro se reconozca él como individuo, con sus limitaciones y potencialidades, para trabajar en ellas; capaz de reconocer al otro, desde su propia esencia; percibirse como una persona que pertenece a una familia, a un país y a esta madre tierra; con quienes tiene el derecho de participar para lograr su transformación y así vivir en familia, como ser humano en una sociedad más justa y más humana.

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